Se retira

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Andrés "El Chapu" Nocioni, anunció su retiro como jugador profesional de Básquet. A los 37 años y jugando actualmente en Real Madrid de España hizo pública una carta para dar a conocer su decisión
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Andrés Nocioni, uno de los jugadores emblema para el Básquet argentino, anunció su retiro esta semana a través de una carta pública, enumerando los motivos de esta decisión, que lógicamente tiene que ver con el desgaste estar durante tantos años compitiendo al mas alto nivel. 

Nacido en Villa Gobernador Gálvez, Provincia de Santa Fé, es una de la piezas claves a la hora de reconocer a la "Generación Dorada" del Básquet nacional. Tuvo un paso muy recordado por Independiente de Gral.Pico cuando recién comenzaba a dar sus primeros pasos en La Liga Nacional. De ahí vino el salto a Europa donde fue figura en el Tau Cerámica para mas tarde ser reclutado por la NBA y ponerse la camiseta de Chicago Bulls, Sacramento Kings y Philadelphia 76ers. En 2012 vuelve a España para jugar en Laboral Baskonia y por último en Real Madrid, donde se desempeña hasta fin de temporada, y donde aparentemente le vá a dar el cierre a su exitosa carrera deportiva.

La carta del "El Chapu"

Después de tantas batallas he decidido dejar de reventar la botella de agua contra el piso cada vez que me sustituyen, mojando a compañeros, asistentes y plateístas de primera fila. De tirar toallas, de patear bancos, de insultar al aire. He decidido madurar, señores. Me cansé de discutir co los árbitros por fallos que nunca sabremos si fueron erróneos. No quiero que me cobren más faltas técnicas ni tampoco volver a pagar gimnasios o cenas de equipo a cuenta de mis multas. Debo progresar. Lo he meditado lo suficiente. Basta de pelear con rivales, basta de noches sin dormir por victorias con angustia o derrotas que son puñales. Se terminó… Pretendo mejorar mi conducta, mis hábitos. Y como tengo claro que no podré cambiar mi temperamento jamás, ME RETIRO. Me voy antes de que me echen.

Viví como jugué. Fui siempre honesto y entregué mi corazón en cada club en el que estuve; todos los días, todas las prácticas, todos los partidos. Dejo el básquet de la manera en que yo quiero dejarlo: compitiendo en el más alto nivel de Europa y en un club de máxima jerarquía mundial.

En el camino he cumplido muchísimos sueños. Sueños que ni me imaginaba concretar cuando comencé a jugar en el Ceci de Gálvez. Yo tenía como aspiración máxima llegar a Europa y no solo lo concreté sino que además sumé una etapa en la NBA. No quiero ponerme nostálgico en esta carta, pero es imposible no mirar en retrospectiva y sorprenderme tirando en un arito todo roto de mi ciudad. Llegué más lejos de lo que esperaba. Compartí camiseta con alguno de los mejores jugadores del mundo. Y me enfrenté a muchos otros de los que veía en fotos. Me descubrí en lo más alto de un podio olímpico con la camiseta que más quise, en una tarde que jamás olvidaré. Grité, sufrí, festejé, lloré: crecí. Nunca me entregué. Ni en los peores momentos, que por supuesto también los tuve.

Debo agradecimiento a muchísimas personas. A mis hijos en primer lugar, que se bancaron tantos cambios de hogar, viajes y ausencias. A mis seres queridos, obviamente: los de mi familia y los de la familia de mi esposa. A distintos compañeros, entrenadores, preparadores físicos, cuerpos médicos. A los árbitros, que con seguridad organizarán una fiesta mañana mismo. A mis agentes. A los amigos que felizmente coseché en cada sitio en el que estuve. Pero sobre todo le debo agradecimiento especial, o absoluto, a mi esposa Paula. Ella fue quien me acompañó durante todo el recorrido, quien me contuvo, me abrazó y me levantó las veces que estuve caído. Yo no estuve solo. Solo no hubiera podido.

Por último, valorar a todos los clubes que me cobijaron en Argentina, España y Estados Unidos. A la Selección, por el enorme orgullo que me generó representarla durante más de 15 años. A la gente de Vitoria (¡cuántos recuerdos de momentos mágicos!) y a la de Madrid, que me demuestra su cariño día a día. En estos meses por delante daré lo mejor de mí, como siempre, para ganar la Euroliga y la temporada de ACB. Sería una despedida perfecta. Y la última oportunidad de robarme una red.

Hasta acá hemos llegado, amigos. Ha sido un camino largo, repleto de piedras, luces, empeño y también grandes satisfacciones. Pero de algo estoy seguro: valió la pena transitarlo.

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